«En un pequeño pueblo de no sé qué país», el alcalde compra una máquina que puede decidir la duración de las estaciones. Éste celebra una votación para que los ciudadanos decidan cuánto debe durar cada estación, pero el resultado del pueblo siempre es equitativo. De manera que el alcalde decide imponer su estación favorita del año, sin pensar en las consecuencias devastadoras de esa decisión, ni en las necesidades del pueblo.
Hay en La máquina de las estaciones una clara crítica al totalitarismo y a la tiranía de ciertos dirigentes políticos que deciden por el pueblo al que deberían escuchar. Un elogio -y, podríamos decir, un recordatorio- al poder del pueblo unido contra el autoritarismo.

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